Se han identificado algunas etapas de la adquisición del lenguaje que cada niño debe atravesar para lograr un buen lenguaje, partiendo desde el balbuceo hasta las primeras palabras o frases.
Este proceso suele ocurrir en un “tiempo esperado o deseado”. No obstante, ese tiempo o edad específica en que un niño empieza a hablar puede variar dependiendo de muchos factores. Uno de los más importantes es la audición, pero no el único, ya que influyen también otros muchos (sexo, ya que las niñas suelen desarrollar antes el lenguaje, capacidad cognitiva, desarrollo general del niño, entre otros.), y entre los más importantes está la estimulación que se le da al niño. De esta forma la familia cumple una función muy importante en la aparición y desarrollo del lenguaje verbal del niño.


“Por todo ello es muy importante que no dejéis de hablar a vuestro hijo, ya que, sea grande o pequeña la pérdida auditiva que tenga siempre hay que estimularlo con el lenguaje para que lo adquiera con mayor facilidad.”


Teniendo en cuenta estas consideraciones, la evolución lógica de la adquisición del lenguaje en un normoyente empieza desde el nacimiento y se divide en dos fases. Etapa pre-lingüística y Etapa lingüística.
La etapa pre-lingüística dura aproximadamente los primeros 12 meses de vida y termina cuando se dice claramente la primera palabra de forma intencionada.
Durante los tres primeros meses de vida, el bebé tan sólo emitirá sonidos onomatopéyicos.
A partir del tercer mes de vida, los bebés, empiezan a producir sonidos de una sola sílaba (ah, u, gu), que no son palabras, sino llantos, gemidos, gruñidos.
Hacia los seis meses empieza a encaminarse hacia lo que llamamos la imitación de los sonidos y aparecen las primeras vocales. Así la /a/ es la primera vocal que se adquiere, luego vendrán la /e/ y la /o/ y la /i/ y la /u/ son las últimas que se adquieren. Los sonidos de las consonantes aparecen más tarde en el orden siguiente:
Labiales: /p/, /m/
Dentales: /b/, /d/
Velopalatales: /g/, /j/
También empieza a producirse el balbuceo con repeticiones, bababababa, mamamama, papapapapa,

Sobre los once meses empieza a sustituir la repetición del balbuceo por combinaciones de diferentes sonidos da-du, bu-ni,…empezando a usar el “parloteo” (cambios de entonación en los sonidos que emiten. (laleo)
Alrededor de los doce meses, los bebés hacen cada vez más sonidos específicos que van unidos a objetos concretos, lo que hace pensar en que han llegado las primeras palabras.
Entre los catorce-quince meses de edad, el niño cuenta ya con cinco o seis palabras ( papa, mama, caca,etc..) todas ellas relacionadas con su entorno y comienza a comprender también los cualificativos que usa el adulto (bueno, malo, agradable o desagradable). Igualmente comprende la negación.
Cuando cuenta con unos dieciséis meses tiene ya unas 20 palabras y suple su falta de lenguaje usando la misma palabra para designar diferentes objetos.
Hacia los dieciocho meses, la gran mayoría de los niños cuentan ya con más de 50 palabras y entiende alrededor de 100.
A los dos años, su vocabulario ha experimentado un gran crecimiento y tiene ya más de 300 palabras en su lenguaje, siendo a los tres años de más de 1200 y a los 6 años unas 10.000, lo que significa que ha aprendido una media de 6 palabras diarias desde los 18 meses hasta los 6 años.
A esta edad empiezan a hacer combinaciones de palabras, como por ejemplo “mama pelota” , “papá silla”, “pastel no está”, pero al inicio, las palabras tienen errores en su producción, tales como sustituciones (“ti” en lugar se “si”), omisiones (“fono” en lugar de teléfono), y muchas otras.
A partir de este momento, irá mejorando la su lenguaje, ampliando vocabulario, añadiendo matices, uniendo palabras, añadiendo nombres, adjetivos, pronombres, verbos …. Hasta completar el lenguaje.
El aprendizaje del lenguaje depende de muchos factores, que pueden afectar a su desarrollo. Uno de los principales es el estado de la audición de tu hijo. Para el desarrollo normal del lenguaje es necesario que el sistema auditivo esté integro. La presencia de una hipoacusia o sordera influirá en su adquisición de forma diferente en función de la edad de aparición, del grado y del tipo de pérdida auditiva.
La división de pérdidas auditivas respecto al momento de su aparición suele ser el siguiente:
Prelocutiva ( antes de que el niño aprenda a hablar): Son las pérdidas auditivas congénitas, que tiene el niño al nacer o que se producen por algún problema en el parto o los primeros meses de vida. Las más frecuentes son las congénitas.
Peri-locutivas: Son aquellas pérdidas auditivas que aparecen en la etapa del aprendizaje del lenguaje, entre los primeros meses y los primeros años de vida
Post-locutivas: Son aquellas pérdidas auditivas que aparecen, generalmente por infecciones, enfermedades, accidentes, tratamientos agresivos, …..después de que el niño ha aprendido a hablar.
Cuanto más tarde se produce la pérdida auditiva, menor será la repercusión en los problemas de adquisición, riqueza y espontaneidad del lenguaje. En las pérdidas pre-locutivas, un diagnóstico, adaptación protésica ( ya sea con audífonos o con implante coclear ) y estimulación logopédica precoces son básicos para lograr los objetivos más altos posibles.
Otro factor que influye en la adquisición del lenguaje es el grado y tipo de la pérdida auditiva que padece vuestro hijo.
Si nos hallamos ante una pérdida auditiva leve (hasta 25-30 dB de promedio), en especial en las pérdidas transmisivas se producirá un retraso en la adquisición del lenguaje, así como errores en la pronunciación. Estos casos, normalmente no deberán hacer uso de audífonos, pero si de estimulación logopédica.
Ante una pérdida de grado medio, (hasta 60 dB ), si la pérdida es transmisiva ( reversible en la mayoría de los casos ) habrá que realizar una adaptación protésica si el proceso de “curación” o restablecimiento de la audición es muy prolongado, al igual que en las pérdidas de percepción ( cuando está afectado el oído interno ), ya que de no ser así, el aprendizaje del lenguaje será muy difícil y en muchos casos incompleto, conllevando también un retraso escolar. En este caso, habrá que valorar también la reeducación logopédica. Los equipos de frecuencia modulada se convierten en una gran ayuda en especial en el ámbito escolar y familiar.
Cuando la pérdida auditiva es severa (hasta 90 dB), no se pueden oír las palabras de forma normal, por lo que no se va a poder desarrollar el aprendizaje del lenguaje sin ayuda de amplificación mediante audífonos y rehabilitación logopédica adecuada. En los casos más agudos de pérdida severa, puede estar comprometida la capacidad de comprensión de la palabra, debido al deterioro del nervio auditivo. En la mayoría de estos casos con el uso de audífonos, combinado con la necesaria logopedia, es posible lograr una completa adquisición del lenguaje hablado, pero con un retraso en el tiempo, que será más largo y difícil cuanto más tarde se empiece a estimular al niño. En estos casos, los equipos de frecuencia modulada se convierten en una ayuda casi imprescindible, en especial en el ámbito escolar.
En las pérdidas auditivas profundas ( mayores de 90 dB ), incluso con audífonos de alta tecnología y potencia puede ser que el niño tenga una capacidad auditiva reducida, lo que compromete mucho el aprendizaje del lenguaje. En estos casos la logopedia de forma prolongada deberá ser el camino al aprendizaje del lenguaje y habrá que valorar la posibilidad del implante coclear en los casos de más afectación del oído interno. En estos casos, los equipos de frecuencia modulada se convierten en una ayuda casi imprescindible, en especial en el ámbito escolar.
En estos casos, los equipos de frecuencia modulada, también se convierten en una ayuda casi imprescindible, en especial en el ámbito escolar.

Existen unas señales de alerta muy básicas y que hay que tomarlas de forma orientativa pero que pueden serviros en algún caso:

Señales de alerta:
De 0 a 3 meses: Ante un sonido no hay respuesta refleja del tipo parpadeo, despertar, etc. Emite sonidos monocordes.
De 3 a 6 meses: Se mantiene indiferente a los ruidos familiares. No se orienta hacia la voz de sus padres. No responde con emisiones a la voz humana. No emite sonidos para llamar la atención. Debe intentar localizar ruido.
De 6 a 9 meses: No emite sílabas. No atiende a su nombre. No se orienta a sonidos familiares.
De 9 a 12 meses: No reconoce cuando le nombran a sus padres. No entiende una negación. No responde a “dame” si no va acompañado del gesto con la mano.
De 12 a 18 meses: No señala objetos y personas familiares cuando se le nombran. No responde de forma distinta a sonidos diferentes. No nombra algunos objetos familiares.
De 18 a 24 meses: No presta atención a los cuentos. No identifica las partes del cuerpo. No construye frases de dos sílabas.
A los 3 años: No se les entiende las palabras que dice. No contesta a preguntas sencillas.
A los 4 años: No sabe contar lo que pasa. No es capaz de mantener una conversación sencilla.