Enfermedad de Ménière
La enfermedad de Ménière es un trastorno caracterizado por ataques recurrentes de vértigo incapacitante que asocian, durante los ataques, pérdida auditiva y acúfenos (tinnitus). Durante los primeros años de la enfermedad, la pérdida auditiva y los acúfenos se alivian tras las crisis.
Su origen es el aumento de presión en el líquido endolinfático que se sitúa dentro de la cóclea y el laberinto posterior, la causa de este aumento de presión es desconocida, aunque se cree que tiene relación con los niveles o la mezcla de líquidos en los canales del oído interno.
Los síntomas incluyen ataques repentinos de vértigo, náuseas y vómitos que duran de 3 a 24 horas y remiten gradualmente. Periódicamente, la persona puede sentir el oído tapado o presión en el mismo. La audición del oído afectado tiende a fluctuar pero empeora progresivamente con el paso de los años. Los acúfenos, que pueden ser constantes o intermitentes, pueden ser peores en coincidencia con un ataque de vértigo, antes, después o durante el mismo. Este trastorno afecta sólo a un oído en la mayoría de las personas.
Lesión del oído por ototóxicos
Algunos medicamentos, como ciertos antibióticos, diuréticos (particularmente el ácido etacrínico y la furosemida), la aspirina y las sustancias similares a la aspirina (salicilatos) y la quinina, pueden dañar el oído. Éstos afectan tanto a la audición como al equilibrio, si bien la más afectada es la capacidad auditiva.
Casi todos los medicamentos ototóxicos son eliminados del cuerpo a través de los riñones y la orina. Por ello, cualquier deterioro en el funcionamiento renal incrementa la posibilidad de que los fármacos se acumulen en la sangre y alcancen concentraciones que puedan causar lesiones.
De todos los antibióticos, la neomicina es el de efecto más tóxico sobre la audición, seguido por la kanamicina y la amikacina. La viomicina, la gentamicina y la tobramicina pueden afectar tanto a la audición como al equilibrio.
La estreptomicina afecta al equilibrio más que a la capacidad auditiva. El vértigo y la pérdida de equilibrio derivados del uso de estreptomicina tienden a ser temporales. Sin embargo, la pérdida de equilibrio puede ser grave y permanente, y causar dificultades al andar en la oscuridad y dar la sensación de que el entorno se mueve a cada paso (síndrome de Dandy).
Si la aspirina se toma en grandes dosis durante un período prolongado, puede provocar pérdida de audición y tinnitus, habitualmente de forma temporal. La quinina puede causar una pérdida permanente de la audición.
La lesión auditiva por ototóxicos presenta un audiograma característico.